Trabajo táctico en porteros de balonmano (5) - Colaboración con la defensa en lanzamientos desde 9 metros

Sobre la trayectoria, tenemos una pequeña excepción que nos complica bastante. Os lo ilustro con un ejemplo. Un jugador va con toda su mala intención en trayectoria hacia el exterior desde el central mirando a ver si están sus colegas en la grada. Todo nos indica que esa es la trayectoria. ¿Pero qué pasa si en el último paso cambia de dirección? Además de que seguramente el defensor infantil esté en el suelo con el tobillo esguinzado, la trayectoria ha cambiado. Ya no es una trayectoria hacia el exterior mirando a la grada. Ahora es una trayectoria hacia nosotros orientado seguramente hacia nosotros. Estamos jorobados, ¿no? Hasta que no trabajemos lo que viene a continuación, claro. A esto lo llamaremos último impulso.

Perfecto, ya le hemos contado a un chaval infantil que tiene que observar dónde está situado el jugador con balón, la trayectoria que lleva, la orientación del cuerpo y el brazo ejecutor. E incluso le ha servido de algo, que no es poco. Pero llega a cadete. Y aquí la cosa se complica. Esta simplicidad que nos ha servido para hacer alguna actuación de mérito durante dos años deja de ser tan eficaz y nos convertimos en un colador con patas. ¿Qué podemos hacer? Seguir observando. Habíamos dicho que íbamos a ir de los más grande a lo más pequeño. De lo sencillo de observar a lo más complejo. Si hemos mirado el bulto gordo que tiene el balón, ¿cuál sería el siguiente paso? Correcto, vamos a mirar por fin el brazo, que no el balón. El brazo, unido a todo lo anterior, nos empieza a dar casi toda la información. Que no toda, que si no sería sencillo y cualquiera querría ser portero. ¿He dicho ya que los porteros somos seres elegidos por la gracia del balonmano? Pues lo digo ahora. Tenemos que observar el armado de brazo, dado que nos determinará la altura y el lado dónde lanzará el jugador.

Llegados a este punto, tendremos que diferenciar entre lanzamientos en proximidad y desde nueve metros. Y dejar MUY claro al portero que, si ante proximidad no salimos, esto no funciona. Que hagan lo que quieran, que nosotros no sabemos cómo seguir. Luego retomamos el armado de brazo, para daros tiempo a recapacitar que todas las veces que vuestro entrenador gritaba "¡sal, sal, saaaal!" no es que la sopa estuviera sosa, si no que teníais que salir ante proximidad.

¿Os habéis fijado lo molestos que son a la hora de ver el balón los jugadores de vuestro equipo que están defendiendo? Bueno, pues además de impediros ver el balón, nos van a servir para determinar dónde van a lanzarnos. Incluimos un nuevo concepto, que es la relación del atacante con el balón. Suena rimbombante, no tanto como la propia palabra, pero no es más que preguntarnos ¿está el atacante cerca del defensor o lejos? ¿está el defensor entre el atacante y yo, o está más perdido que el barco del arroz? ¿está levantando los brazos para blocar o dado la vuelta encogido?

Vamos a empezar por lo más sencillo, que como están lejos nos da más tiempo a verlo, los lanzamientos a distancia. Y no sólo vamos a darle trabajo al portero, si no que vamos a empezar con las consignas al defensor. En todo equipo que se precie están los defensores de "defendemos el corto", que no son menos que los defensores de "defendemos el largo", ni tampoco quedan lejos de los de "chapamos y listo". Tenemos de todo, y nada me gusta. La idea que debemos transmitir son dos, por un lado, que el balón no le pase por encima de la cabeza al defensor. Y, por otro lado, que no nos crucen el balón. Dicho finolis, defensor cubre el cruzado y portero el directo (o paralelo). ¿Por qué? ¿Por qué una definición que no incluya largo o corto? Básicamente porque nos centramos en lo más sencillo para el defensor, que bastante tiene con no chocarse con su compañero, con el pivote o con la línea. Pongamos un ejemplo, un lateral izquierdo con intención de lanzar. Si yo digo que el defensor cubre el corto, ¿qué hacemos si se va hasta el central? ¿Dónde queda el corto? ¿O qué hacemos si se va hacia el extremo? Tendríamos que juntarnos al extremo para poder blocar. Cruce por detrás y el extremo nos cruje. Vamos a quedarnos con la idea de movernos lo menos posible. Si ese lateral va hacia el central, yo impido que lance cruzado (al supuesto corto) y si se va hacia el extremo, impido el directo (el supuesto largo). De este modo, me muevo poco y todos nos aclaramos.

¿Y qué pasa si no hay trayectoria? En cadetes, nos fijaremos por qué lado sale el balón y maldeciremos al defensor si nos la cruza. Más adelante, refinaremos un poco el procedimiento. Para el portero la cosa no es tan sencilla como la consigna dada al defensor. Puede suceder que el atacante mida medio metro más que el defensor, o que no llegue el susodicho, o que llegue, pero se gire para ver el gol desde un puesto de privilegio, o cosa así. Como porteros tenemos que aprender a diferenciar situaciones en las que nos podemos fiar del defensor (cubrimos el lado de la trayectoria, observamos por qué lado sale el balón), como situaciones en las que no (observamos posición en el campo, trayectoria, orientación y brazo).

¿Y cómo trabajamos la colaboración con la defensa en lanzamientos desde 9 metros? 

Muy sencillo, de la manera más real que sea posible. Podemos situar lanzadores en lateral, que reciban balón en trayectoria (o no) a la carrera y lancen desde 9 metros. Un defensor se ocupa de los lanzamientos cruzados y el portero de los directos. Podemos complicarlo un poco más con dos defensores y un pivote atacante. Lo que se nos ocurra que evite el típico ejercicio de una fila de lanzadores que lanzan sin oposición (salvo que busquemos otros objetivos, como trayectoria u orientación del cuerpo).

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