Trabajo psicológico en porteros de balonmano

Una de las cuatro patas del trabajo de cualquier deportista es el trabajo psicológico. En este tema tengo más lagunas que Noruega, pero como tengo poca vergüenza, vamos a intentar dar unas pinceladas. El puesto de portero de balonmano es un puesto habitualmente solitario, al margen del equipo en muchas ocasiones, en el que recibes y no das (no como los jugadores, que reciben golpes pero en defensa pueden "resarcirse") y dónde se ven muy claros los errores (no hay nadie que los tape, estás expuesto). Pero también es un puesto dónde es muy sencillo brillar, dado que seguramente sea el puesto más determinante dentro de un equipo. Y esto, hay que convertirlo en alas, no es una losa para el portero que empieza.

El primer golpe que reciben muchos chicos y chicas es cuando los separas del resto del grupo y los mandas a la portería. Habrá muchos que vayan encantados, pero otros, un poco obligados. Pensar que algunos porteros lo son simplemente porque no tuvieron la suficiente personalidad para negarse con la misma contundencia que el resto. Que todos los equipos necesitan un portero, y lo necesitan al comienzo de la carrera deportiva. Los demás pueden decidir con el paso de los años si mejor el lateral o el extremo. Pero con doce años, es una decisión importante. Así que vamos a hacerle que se sienta integrado en un grupo. No nos olvidemos de ellos en las sesiones. Por ejemplo, pongámonos como deberes interactuar X veces al menos durante una sesión con ellos. Se me ocurre en el calentamiento (sobretodo si lo hacemos táctico), en momento puntuales de la sesión (refuerzo positivo) y al final de la misma (acompañarles en el estiramiento). Que cada cual escoja los suyos. Otro podría ser para revisar el trabajo físico al margen, o indicarles cada cuantos lanzamientos tienen que cambiar en cada ejercicio. Los que queráis, pero integrar a los porteros en las rutinas del equipo.

Habitualmente nos acordamos del portero cuando le meten gol, pero menos cuando para el balón. Tendemos a corregir (en el mejor de los casos, cuando no nos acordamos de sus familiares cercanos tras una "acción poco afortunada") cuando hay un error, pero no reforzamos positivamente las acciones correctas. No es estar siempre pendiente del portero, pero si durante la sesión o el partido vemos una acción que sigue nuestros criterios, reforzarla con gestos o ánimos. Aquí es interesante reforzar según los criterios, no según el éxito. Si yo refuerzo una acción en la que el portero para el balón dándose la vuelta, estamos dando un refuerzo positivo a una acción incorrecta. Le ha funcionado en este momento puntual, pero no le sirve para un futuro. Es habitual que me pregunten que por qué refuerzo acciones en las que ha habido gol y no lo haga en otras en la que el portero ha parado el balón. El motivo es sencillo, cuando le han metido gol ha hecho cosas bien (estaba frente a balón, ha observado correctamente, etc) y cuando la ha parado ha sido más un factor de suerte que de mérito.

Hablando de detener el balón, ¿os habéis fijado que hay porteros que tras parar el balón bajan la cabeza como si les diera vergüenza? Yo les digo que les falta pedir perdón al lanzador por parársela. Vamos a intentar trabajar en el sentido de "festejar" acciones positivas. No me refiero a montar un jolgorio por cualquier acción, aunque lo prefiero a no hacerlo nunca. La idea es "venderse". Si yo la paro y pongo cara de "no me digáis nada" transmito que ha sido suerte, que era fácil, que ha sido fallo del lanzador, etc. Si yo levanto los brazos como si fuera la parada de mi vida (aunque haya venido rodando y la haya parado tropezándome con la línea) y lo festejo con rabia (y con respeto al rival), transmito que he echado el cierre a esa portería, que por ahí no pasa ni un balón. Un mensaje para la defensa y otro para los atacantes. Animemos a los más tímidos a subir los brazos, a cerrar los puños, a mirar a su banquillo y a desahogarse cuando paren. Y seamos partícipes de esa alegría, integremoslos en el equipo.

¿Habéis visto a ese portero que nos ofrece una repetición del último gol? Intentando entender como ha entrado el balón, probando alternativas para que no hubiera entrado, o simplemente para que no le digan nada desde el banquillo. Nos da un poco igual. Lo que realmente nos importa es el siguiente balón. Ese que está en el marcador, no lo sacas ya de ahí (de manera legal). Así que nos olvidamos de él. Nos quedamos con que ese jugador lanza ahí cuando hace eso. Pero el gol se ha olvidado, vamos a por el siguiente. ¿Cuantos porteros no reciben tres goles seguidos y se vienen abajo? Aquí podemos cambiarlos (y terminar de hundirles) o bien darle herramientas. Cierto es que cada mente es un mundo, y que a lo mejor a uno le funciona que le cambien, pero con cuidado. A mí me gusta trabajar con algún tipo de señal o de gesto entre porteros y entrenador. Por ejemplo, hacemos la forma de un balón con las manos. De este modo, les recordamos que el importante es el siguiente, que se olvide cuanto antes del anterior.

Y poco más que decir. Integrar al portero en el equipo, reforzarle positivamente según los criterios (no sólo el éxito en las acciones), animarles a que expresen alegría tras acciones positivas y recordarles que el importante es el siguiente balón (no el que ya está en el marcador).

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